Neumoconiosis: causas, prevención y sus efectos en la salud

Existen innumerables ocupaciones con riesgo potencial de exposición a sílice y que, por tanto, podrían originar neumoconiosis. Gracias a información del Ministerio de Salud, contenida en el Plan Nacional de Erradicación de Silicosis al 2030, se puede conocer qué ocupaciones tienen ese riesgo.


Desde la antigüedad se sabe que respirar el polvo de las minas es perjudicial para la salud. Agrícola (De Re metálica, 1494) ya hacía referencia de los efectos perniciosos del polvo inhalado en los mineros. Con el paso de los años, ha ido creciendo el conocimiento sobre los diferentes aspectos del depósito de polvo en los pulmones, asociado a una respuesta patológica, que hoy denominamos neumoconiosis.

La sílice (dióxido de silicio) es el segundo mineral más abundante en la corteza terrestre. Entre los principales minerales silíceos están el cuarzo, la calcedonia y el ópalo. Se encuentra cuarzo en la mayoría de las rocas magmáticas sedimentarias y metamórficas. La sílice se presenta principalmente en forma cristalina: cuarzo, cristobalita y tridimita. Asimismo, se encuentra en forma amorfa: tierra de diatomeas y ópalo. La sílice libre es la que no está combinada con ningún otro elemento. El cuarzo es un ejemplo de sílice libre.

La inhalación de polvo con contenido de sílice libre cristalizada en fracción respirable, da lugar a la silicosis, que es la forma más importante de neumoconiosis. Esta sustancia se utiliza en las actividades de minería, tratamiento de minerales, limpieza por arenado, industria del cemento, fabricación de asfalto, cerámica, limpieza abrasiva, demolición, industria del vidrio, molienda de cuarzo, moldes de fundición, fabricación de prótesis dentales, pulido de superficies metálicas y construcción. Las ocupaciones con riesgo potencial de exposición a sílice son: albañil, operador de maquinaria pesada, operador de máquinas de chancado de minerales, trabajos de pulido, operador de maquinaria minera, perforador de rocas, arenador, laboratorista dental.

Debido a su poder patógeno y abundancia, la sílice es el principal protagonista en la mayoría de las neumoconiosis, cuando no el único. De ahí que, con frecuencia, el término silicosis se use para denominar cualquier neumoconiosis. No obstante, hay tipos de polvos capaces de producir neumoconiosis independientemente de la sílice, como es el carbón, o conjuntamente con la misma (neumoconiosis de polvo mixto). Hoy es bien conocido que la relación entre la exposición al polvo inorgánico y los efectos sobre la salud que produce dependen de la dosis acumulada. Es decir, los efectos dependen de la concentración del polvo en el aire y de la duración de la exposición y también del tiempo de residencia de este polvo en los pulmones.

Se sabe que existe un período de latencia entre el inicio de la exposición y el comienzo de las manifestaciones clínicas. Este lapso de tiempo puede ser más o menos largo, dependiendo del tipo de neumoconiosis. Las neumoconiosis son evitables si se puede reducir sustancialmente la cantidad de polvo en el ambiente de trabajo. Asimismo, es evitable si se reduce la cantidad de polvo que penetra en los pulmones.


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Los conocimientos actuales sobre la patogenia de la enfermedad y los avances tecnológicos, que permiten poner en práctica medidas de control, pueden prevenir la progresión de la enfermedad. Incluyendo las formas agudas o aceleradas, que están asociadas a una mayor exposición a polvo. Por lo tanto, es fundamental la evaluación continua de las condiciones de trabajo y la evaluación periódica de la salud. Es importante la vigilancia de la misma después de haber cesado la exposición.

La sílice cristalina se encuentra en el concreto, en las obras de albañilería, en la arenisca, en las rocas, en las pinturas y en otros abrasivos. Actividades como cortar, romper, aplastar, perforar, triturar o cuando se efectúa la limpieza abrasiva de estos materiales, pueden producir el polvo fino de la sílice. También puede estar en la tierra, en el mortero, en el yeso y en las ripias. Las partículas muy pequeñas de polvo de sílice pueden estar en el aire que respiramos y quedar atrapadas en los pulmones.

La sobre exposición al polvo, que contiene partículas de sílice cristalina, puede causar la formación de tejidos de cicatrización en los pulmones denominada silicosis. Eso disminuye la capacidad de los pulmones de extraer oxígeno del aire que respiramos. Los trabajos en lugares cerrados y mal ventilados son especialmente peligrosos. El uso de martillos neumáticos y otros medios técnicos que generen nubes de polvo aumenta el riesgo. En las poblaciones mineras y de otras actividades expuestas al sílice que se encuentran laborando por encima de los 3,000 m.s.n.m. en Perú, Bolivia, Chile y otros países de la región, es importante considerar la altura. La razón yace en que la altura es un factor agravante de la evolución clínica de los trabajadores expuestos.

Dentro de las neumoconiosis, la silicosis se presenta como silicosis simple o crónica, silicosis acelerada y silicosis aguda. La silicosis simple presenta una evolución crónica y aparece después de una exposición de varios años (con frecuencia más de 20 años), inclusive cesada la exposición. La silicosis acelerada es una forma clínica rápidamente progresiva que puede evolucionar en un tiempo corto. Estudios sobre la materia han acreditado hasta 8 años.

Después de una exposición intensa a sílice libre, puede verse en trabajadores con chorro de arena. Un importante estudio en Argentina presentó que el 30% de los trabajadores expuestos fallecía antes de los 40 años. La silicosis aguda es aquella que tiene una exposición de hasta 5 años y fallecimiento precoz. En la biopsia o necropsia el pulmón presenta una sustancia que es el PAS (ácido peryódico de Shiff) positivo.

Otras patologías relacionadas con exposición a sílice son cáncer de pulmón. En 1996, la sílice cristalina fue clasificada en el grupo I (carcinógeno en humanos), por la IARC (International Agency for Research on Cáncer). Además de enfermedades obstructivas, bronquitis crónica, enfisema y sobre todo tuberculosis.

Publicado en la Revista Seguridad Minera n°126.

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